Preguntas formuladas frecuentemente en la categoría de Mujer

1 ¿Cuáles son los derechos de las mujeres en el Islam? ¿Es cierto que el Islam limita los derechos de las mujeres?

En el periodo anterior al Islam, las mujeres no eran consideradas ni siquiera como seres humanos. La religión del Islam elevó a las mujeres al rango donde ellas necesitaban estar. La libertad no significa ser capaces de vivir como el alma de una persona o Satán quieren. Por el contrario, significa vivir como el Creador desea. Una persona que no obedece la voluntad de Al-lah, sigue el deseo de su alma y de Satanás.

Expliquemos aquí los derechos generales de la mujer brevemente:

"Cuando se le anuncia a uno de ellos una niña, se queda hosco y se angustia." (16:58 )

En el verso anterior, Al-lah explica cómo la gente de la Yahiliyya consideraba a las mujeres. Sin embargo, lo siguiente es declarado en el Corám:

"Crea lo que quiere. Regala hijas a quien Él quiere y regala hijos a quien Él quiere." (42:49)

Una mujer nace como un hombre. Ella es una niña igual a un niño. Los padres son considerados responsables si discriminan entre ellos en lo que respecta a demostrar su afecto o cuando les dan presentes. También se considera, en ese caso, que los padres han ignorado el consejo y la voluntad del Profeta y serán privados de la intercesión de él. Sabiendo que los restos de las costumbres de la Yahiliyya aparecerían de vez en cuando, el Profeta enfatizó la importancia de la educación de las niñas de la manera siguiente:

“Un padre que educa a tres o dos hijas, o incluso una, estará conmigo en el Paraíso.” (Ibn Mayah, Adab 3).

Cuando una niña nace, un animal (aqiqa) es sacrificado al igual que sucede cuando nace un niño. Ella tiene que recibir un bonito nombre y tiene que ser educada por su madre. Ella tiene que recibir su educación sexual de su madre. Ningún verso coránico ni hadiz que anima a la ciencia y el conocimiento excluye a las mujeres. Por el contrario, el Profeta (PB) aconsejó la educación de las mujeres en especial y ordenó a los hombres proteger sus derechos. Las mujeres muytahid (sabias) aparecieron en este período.

 (Así por ejemplo, Aisha, la esposa del Mensajero de Al-lah (PB) era una de ellas)

Una mujer es educada sin ninguna discriminación y cuando se convierte en lo suficientemente mayor para el matrimonio, es su derecho y una sunnah el ver al candidato que quiere casarse con ella. Si a ella no le gusta el candidato, tiene el derecho a rechazarlo. La insistencia de sus padres o tutores o del candidato no cambia nada.

Cuando decide casarse, ella puede insistir en recibir tanto mahr (dote) como desee. El mahr (dote) es su derecho natural y la garantía de vida determinada por Al-lah. Ella puede gastarlo como le guste, siempre que sea una forma legítima. Ella puede gastar su mahr y otras propiedades por motivos de negocio o caridad. Ella puede establecer compañías, comprar acciones etc. Ella puede ganar dinero y gastar el que gana como desee. Todos los gastos de la casa y de la mujer tienen que ser sufragados por el hombre. El hombre no tiene derecho a decirle a ella: “Compra tus vestidos, joyas y cosméticos tú misma”. Él tiene que proporcionarle a ella su sustento a partir de sus propios ingresos. Si el hombre no puede pagar los gastos de la mujer después del matrimonio, la demanda de divorcio de la mujer será aceptada.

Su marido no puede humillarla. Él no debe olvidar que ella es su socio. No puede enojarse con ella y dejarla sola en casa.

“El mejor hombre es el que trata mejor a sus mujeres”. (Bujari, Nikah 43; Muslim, Fadail 68)

El bromear, divertir y entretener a la mujer de uno es uno de los deberes del marido.

Un hombre no puede pegar a su mujer a menos que ella se rebele y viole la ley (Ver verso 34 del Capítulo de An Nisa y su interpretación. Ver también Ibn Kathir IUV/257; Qurtubi VI/170,172,173; Elmalı IV/1351; Abu Daud, Manasik 56; Ibn Mayah, Manasik 84; Muslim, Hajj 147; Tirmidhi, Rada'11; Abu Daud, Manasik 56; Halabi Saghir p. 395; Halabi Kabir p. 621; Canan, Terbiye p. 391). Un hombre no puede molestar a su mujer mediante súbitas llegadas que provengan de sus celos.

En un hadiz, el Profeta (PB) prohibió a un hombre que se estuvo ausente de casa durante un largo tiempo volver a su hogar de repente por la noche. Una de las razones era dar tiempo a la mujer para que afeitara sus axilas y su vello público y se arreglara. Este hadiz dice así:

“Cuando volváis a casa por la noche, no vayáis a ella directamente. Dejadla que se afeite y se peine”. (Bujari, Nikah 121,122; Muslim, Rada' 58, Imarah 181,182; Darimi, Nikah 32, Yihad 163; Musnad NI/298)

Los sabios que explican este hadiz declara que el llegar a casa súbitamente podría significar que el hombre sospecha de su esposa.

El marido tiene también el deber de satisfacer a su esposa. El Profeta comparó al hombre que terminaba el acto sexual muy rápidamente al eyacular con los gallos, es decir, los animales. Él aconsejó también a los hombres que no comenzaran el acto sexual sin acariciar a la mujer (De Daylami, Ghazzali, Ihya N/52 (Trnsl. N/129); v Suyuti. Ver también al Jamiu's-Saghir (with Fathu'I-Qadir) VI/323)

Un hombre puede sentirse excitado de repente al ver a la mujer prepararse para una relación sexual después de un largo tiempo de caricias. Un bueno hombre es alguien que logra preparar a su mujer para la relación sexual y que la satisface del mismo modo que él también hace. Los hombres que piensan sólo en sí mismos durante una relación sexual no deberían olvidar que ellos oprimen a las mujeres al actuar así y que se complacen torturando a sus esposas.

La mujer tiene derecho a divorciarse de un hombre que no puede tener relaciones sexuales con ella durante el período de un año después del matrimonio.

La mujer tiene el derecho a no aceptar una relación sexual hasta que reciba su dote.

El sostenimiento de la mujer, su tratamiento y su medicación tienen que ser pagados por el marido. Si la mujer no puede cocer el pan, su marido tiene que comprarlo. Si la mujer quiere arreglarse, el hombre tiene que pagar los accesorios y el perfume. El marido tiene que comprar dos vestidos o dos trajes de dos piezas cada año, uno para el verano y otro para el invierno. Si un desacuerdo ocurre, la calidad de las ropas está determinada por las autoridades locales.

La mujer puede pedir el sostenimiento cuando su marido va de viaje para los días en que él esté ausente. Si ella quiere, puede pedir una cama separada para dormir cuando le viene la menstruación.

Ella puede pedir una criada, según cual sea la situación económica de su marido. El salario de la criada tiene que ser pagado por el marido. La mujer no tiene que hacer ningún trabajo doméstico que exceda el que realizan habitualmente las amas de casa en esa región.

Si ella lo necesita, puede llegar a un acuerdo sobre una cierta cantidad de dinero como sustento de su marido. Si esa cantidad resulta ser insuficiente, ella puede pedir que sea incrementada. Si su marido no accede, ella puede acudir a un tribunal.

Si la mujer no quiere vivir con los parientes de su marido, él tiene que alquilar o comprar otra casa para ella. La razón de este mandato reside en el hecho de que la presencia de tales parientes le impedirían bromear y tener relaciones sexuales con su marido. Además, la mujer tiene el derecho a pedir una habitación separada para los niños, en caso de tenerlos, excepto si los niños son muy pequeños y no son conscientes de la relación sexual.

La mujer tiene el derecho a visitar a sus parientes una vez por semana y el marido no puede impedirlo.

La mujer tiene el derecho a trabajar en negocios legítimos si eso no daña los derechos de su marido.

El marido tiene que proporcionar también el sustento a su esposa de la que se ha divorciado durante el período de iddah.

Lo que hemos mencionado hasta ahora son algunos ejemplos mencionados en los libros de fiqh sobre los derechos de las mujeres sobre los hombres. Ellos no son consejos sino derechos legales cuyo incumplimiento da lugar a sanciones. Si las mujeres son obligadas a trabajar y hacer el trabajo duro que sólo los hombres pueden hacer en algunos lugares, eso no es la culpa del Islam, sino la de aquellos que viven de una forma contraria al Islam.

La mayoría de sabios islámicos declaran que la mujer tiene el derecho a votar cuando hay elecciones. No hay ninguna evidencia de que la mujer no tenga tales derechos. Además, las elecciones significan prestar un tipo de lealtad hacia el sistema político. El Profeta (PB) aceptó los juramentos de lealtad de mujeres (ver 60:12 y sus interpretaciones) El punto de vista de todo el mundo, incluyendo de las chicas jóvenes, fue pedido en la elección del Califa después de Umar. [Ver Muhammed Hamidullah, Islam Müesseselerine Giriş Ist.1981, p. 112 (transmitido por Ibn Kathir)]

Cuando la mujer fallece, su mortaja debe ser pagada por su marido.

(Para una información detallada sobre los asuntos tratados anteriormente, ver Ibn Abidin, Raddu'l-Mukhtar, Egipto 1380 (1960) NI/571 etc. Ver también las partes de nafaqa de todos los libros de fiqh, especialmente Sarajsi, Mabsut V/180, etc.)

Como hemos visto, una mujer es una persona que no se preocupa sobre su sustento; es decir, ella tiene una plena seguridad social. Éstos son también derechos legales que deben ser determinados por un tribunal cuando surge un desacuerdo. En el Islam, el marido y la esposa no son dos enemigos que siempre tratan de arrebatarse derechos uno al otro. Ellos son dos mitades que se complementan, ayudan y apoyan el uno al otro. Así pues, el Profeta (PB) ayudó a sus esposas con el trabajo doméstico. Ali (PB) y su esposa Fátima trabajaron también en cooperación.

LA MUJER EN LA FAMILIA

El Islam declara que el hombre y la mujer son creados iguales.

“¡Hombres! Os hemos creado de un varón y de una hembra”. (49:13).

El Islam también declara que no discrimina entre el hombre y la mujer y que ninguno de ellos es superior al otro cónvuye en lo que respecta al nacimiento, la muerte y la vida después de la muerte. El hombre permanecerá entonces sólo ante la presencia de Al-lah (19:93). El estado de las mujeres creyentes que realizan actos virtuosos y que nunca abandonan la vía de Al-lah es mencionado de la manera siguiente en el Corán: "Al creyente, varón o hembra, que obre bien, le haremos, ciertamente, que viva una vida buena y le retribuiremos, sí, con arreglo a sus mejores obras.”(16:97).

La diferencia entre el hombre y la mujer se origina en sus cuerpos. Es un hecho que las mujeres son seres más débiles y delicados. De este modo, las diferencias se reflejan en sus funciones como individuos y en la vida social. En estos campos, las mujeres están protegidas. El Islam no considera menos a las mujeres, como fue el caso de la Yahiliyya (era preislámica) No hizo a las mujeres dominantes tampoco, como sucedía en el caso de las familias del matriarcado. El Islam introdujo un modelo familiar, según el cual cada miembro de la familia tiene diferentes deberes y no hay una injusticia en tal hecho. El Islam adoptó un modelo familiar que inauguró una nueva era, eliminando todas las actitudes que pudieran perjudicar a la mujer dentro de la familia o que pudieran dañar a esta última.

El Islam da el estatus de cabeza de familia al hombre.

“Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Al-lah ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan”(4:34).

Al-lah declara lo siguiente en otro verso con respecto a que el hombre sea el cabeza de familia:

“Ellas tienen derechos equivalentes a sus obligaciones, conforme al uso, pero los hombres están un grado por encima de ellas. Al-lah es poderoso, sabio.”(2:228)

El hombre tiene que atender a todas las necesidades de la familia y protegerla.. Él tiene responsabilidades muy importantes. El hombre no puede interferir en la propiedad personal de la mujer. Él no puede arrojar la carga del mantenimiento de la familia sobre su esposa. Además, si la mujer no quiere cuidar al niño, puede contratar a una criada que sería pagada por su esposo, en el caso de que éste disponga de los medios. La mujer no está obligada a hacer las tareas domésticas tampoco. Sin embargo, los deberes y responsabilidades domésticos son indicativos de la taqua de las mujeres. De este modo, el Profeta animó a las mujeres a que llevaran a cabo estas tareas. Se supone también que la mujer ha de obedecer las órdenes legítimas de su marido (Abu Daud, Nikah, 40).

La continuación de la vida familiar islámica es sólo posible a través de la preservación de los derechos mutuos.

"Tú tienes alguns derechos sobre las mujeres y las mujeres tienen algunos derechos sobre ti" (Tirmidhi, Rada, 11).

LOS DERECHOS DE LA MUJER SOBRE SU MARIDO

Dado que el hombre está obligado a poner el pan en la mesa, él tiene que satisfacer las necesidades materiales de la mujer y hacerlo de forma legítima (4:34). El hombre tiene que tratar a la mujer bien y proteger sus derechos:

"...Comportaos con ellas como es debido. Y si os resultan antipáticas, puede que Al-lah haya puesto mucho bien en el objeto de vuestra antipatía”.(4:19).

El Islam prohíbe al hombre utilizar de mala manera “la autoridad de dirigir a la familia”. Esto se refiere al mantimiento del orden en el seno de la familia. De este modo, no es permisible que el hombre utilice este privilegio para oprimir a la mujer. Sólo a través de este principio la relación entre el hombre y la mujer puede continuar de forma normal.

El Islam permite a las mujeres utilizar sus habilidades y su eficiencia en términos de las relaciones sociales, dentro de los límites legítimos. Dentro de este marco social, el Islam permite a las mujeres trabajar, tomar parte en actividades y estudiar con el fin de ayudar a los musulmanes. (Bujari, Ilm, 36;Ibrahim Jamal, Müslüman Kadının Fıkıh Kitabı, traducido por Beşir Eryarsoy, Estambul 1987, p. 483, ff)

"La mujer es como una costilla. Si tratas de ponerla recta se romperá. Si quieres que sea felíz, déjala como está”. (Bujari, Nikah, 79).

"El mejor de vosotros es el que mejor trata a su esposa." (Tirmidhi, Rada, 11; Ibn Mayah, Nikah, 50).

Nosotros aprendemos de los hadices que el Profeta (PB) siempre advirtió a los musulmanes que trataran bien a las mujeres y que se llevaran bien con ellas. Está prohibido maltratar a las mujeres sino que ellas deben recibir consejos. Sin embargo, si ellas desobedecen a sus maridos, se sientan con hombres que no son mahram, despilfarran el dinero y los bienes del hombre y revelan sus secretos de familia, ellas deben ser amonestadas primero, luego reprendidas severamente y, si no hay cambios, entonces pueden pegarlas suavemente (4:34). Si tras esto, no se produce ningún cambio, ellas no pueden ser pegadas de forma más dura.

LOS DERECHOS DEL MARIDO SOBRE LA MUJER

“Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Al-lah ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Al-lah manda que cuiden.” (4:34)

Las mujeres deben obedecer y respetar a sus maridos para que éstos cumplan con sus obligaciones de forma correcta en casa. La mujer tiene que obedecer a su marido en los temas legítimos. Además, el trabajo doméstico y el cuidado de los niños incrementa la taqua de las mujeres. Debido a esto, el Islam no los convierte en algo obligatorio para las mujeres, pero anima a éstas a actuar de esta forma para que alcancen la satisfacción de Al-lah.

Los hombres tienen algunas cualidades naturales y poderes de los que la mujer carece. Sin embargo, esto no significa que los hombres sean superiores en términos de honor y virtud. (Maududi, Tafhimu'l Qur'an, I, İstanbul 1986, p. 317, 318).

“Si una mujer realiza sus oraciones diarias, ayuna durante el mes en Ramadán, protege su castidad y obedece a su marido, las puertas del Paraíso estarán abiertas para ella”. (Bujari, Misqat, II/202).

Sin embargo, la obediencia mencionada en el hadiz está vinculada a los temas que se refieren al cumplimiento de las órdenes de Al-lah. Si el marido quiere algo que es contrario a las órdenes de Al-lah, ella no tiene que obedecerle, ya que la obediencia a Al-lah es superior a la obediencia al marido.

El castigo por los crímenes cometidos contra los hombres y las mujeres es el mismo. El hecho de que una mujer reciba la mitad de la herencia en comparación con el hombre no es algo que signifique una humillación o una desigualdad. Si tomamos en consideración que el marido debe cuidar de su mujer y la familia y satisfacer sus necesidades, y que los padres o los tutores de la mujer tienen que cuidar también de ella y de sus necesidades antes del matrimonio y que el esposo tiene que hacerlo después del matrimonio, está claro lo que Al-lah quiere decir a través de este mandato.

El satisfacer al otro sexualmente es algo necesario en la familia. De este modo, no es apropiado para ninguna de las dos partes ignorar esta realidad. La mujer debe ser consciente de este hecho y debe mostrar respeto a su marido. El Islam declara que los hombres y las mujeres son iguales en términos de creación.

La mujer no tiene que dar nada al hombre de la herencia que recibe si ella no quiere. Sin embargo, el hombre tiene que satisfacer las necesidades de ella. De este modo, es posible que la mujer reciba la herencia pero no la gaste”. (Ibrahim Jamal, ibid p. 485).

Al-lah ha creado a la mujer como la dueña de la casa. El hombre está obligado a ganar dinero para la familia. La mujer está obligada a gastar el dinero de forma adecuada para el hogar. De este modo, la mujer es la pastora de la casa de su marido. El Corán anima a la mujer a permanecer en el hogar en el siguiente verso:

“¡Quedaos en vuesras casas!” (33:33)

Sin embargo, en algunos casos, ella puede trabajar fuera. Así por ejemplo, si no hay un hombre que cuide del hogar, si tiene dificultades financieras, si el hombre no gana el dinero suficiente, si el hombre no puede trabajar, etc. En esos casos, la mujer puede trabajar.

“Al-lah permite a las mujeres salir para resolver sus necesidades.” (Bujari -Muslim).

Cuando las condiciones actuales se tienen en cuenta, una mujer musulmana no puede protegerse de los ojos de los hombres malvados en el mercado, las calles y la vida económica, con independencia del cuidado que ponga. De este modo, las mujeres deberían mantenerse alejadas de las calles si pueden hacerlo.

El Islam establece obligaciones para las mujeres en el hogar y elimina la necesidad de que trabajen, pero también permite que ellas salgan a trabajar si lo necesitan.

Referencias:

- Seyyid Kutub, İslâm Kapitalizm Çatışması, İstanbul 1988, p. 129;
- Said Havva, Islam, trnsl by Said Şimşek, Ankara nd., p. 197, ff;
- Mustafa Sibai, Kadının Yeri, İstanbul 1988, p. 57 ff.;
- Abdullah Nasuh Ulvan, İslâmda Aile Eğitimi, I, p. 221 ff.;
- Ömer Ferruh, İslâm Aile Hukuku trnsl by Yusuf Ziya Kavakcı, İstanbul 1976, p. 228 ff;
- Hz. Peygamber ve Aile Hayatı, Komisyon, İstanbul 1989, p. 171 ff;
- M. Ali Haşimi, Kur'an ve Sünnette Müslüman Şahsiyeti, trnsl by Resul Tosun, İstanbul 1988, p. 63 ff.
  (Şamil İslam Ans, Kadın item)

2 ¿Existe alguna discriminación contra las mujeres en la Ley Islámica?

Las mujeres alcanzaron la posición y el valor que merecen con el Islam así como la paz y la bendición que ellas habían anhelado siempre a través de la historia. La Ley Islámica abolió las prácticas del exceso y la discriminación y creó un perfecto equilibrio y armonía entre los dos géneros.

Según el Islam, las mujeres y los hombres son iguales el uno al otro en términos de ser siervos que Al-lah Todopoderoso ha creado. (49:13; 4:1)  El Profeta Muhammad (PB) dijo: “Todos los seres humanos, ya sean hombres o mujeres son iguales que los dientes de un peine”. (Bilmen, Ömer, Nasuhi, Hukuk-u İslâmiye ve İstilahat-ı Fıkhiye Kamusu, II. 73-74).

Los hombres y las mujeres son las dos mitades de una naranja. Este verso lo expresa de la forma más bella:

“Del mismo modo que las ropas cubren las partes privadas y te protegen del calor o el frío también cada uno de vosotros debe cubrir los malos actos y deficiencias del otro.”

El debate sobre si las mujeres o los hombres son superiores es inapropiado. Una vez más, y según la explicación contenida en el Corán, las mujeres tienen algunas cualidades superiores, que los hombres no tienen. De igual modo, los hombres tienen algunas cualidades superiores que las mujeres no tienen. De este modo, ambos géneros se necesitan el uno al otro en diferentes aspectos y ambos géneros tienen puntos superiores al otro por naturaleza. El hacer comparaciones sobre estos puntos nos llevaría a conclusioines erróneas (4:34).

Según el Corán, un ser humano tiene un solo carácter con independencia del género. Las mujeres y los hombres son considerados responsables en base a las mismas características éticas. Lo que importa a los ojos de Al-lah es la ética religiosa y el taqua. Al-lah nos informa sobre esto en el Corán:
“Para Al-lah, el más noble de entre vosotros es el que más Le teme” (49:13)

Como hemos visto, según el Corán, la afinidad a Al-lah no está basada en el género, color o raza sino en “una ética islámica ideal”. En realidad, Al-lah declara que los creyentes que actúan en consonancia con una ética elevada, ya sean mujeres u hombres, serán recompensados en este mundo y en el Más Allá.

“Al creyente, varón o hembra, que obre bien, le haremos, ciertamente, que viva una vida buena y le retribuiremos, sí, con arreglo a sus mejores obras.” (16:97)

Después de esta corta introducción examinemos de cerca algunas costumbres que el Islam abolió en favor de las mujeres y sus derechos:

1. Algunas costumbres que el Islam abrogó en favor de las mujeres: El Islam rechazó la noción de que las mujeres están malditas “por el pecado original”, que era la creencia de cristianos y judíos. Prohibió la práctica de enterrar vivas a las hijas, que era una costumbre en la Arabia Pre-Islámica. El Profeta Muhammad (PB) rechazó las consideraciones negativas que existían hacia la mujer y ordenó a los Compañeros que mostraran amor y respeto hacia las mujeres. Él manifestó: “Se justo cuando hagas regalos a tus hijos. Si yo tuviera que preferir darlo a uno, lo daría a las chicas”. En respuesta a uno de sus Compañeros, que preguntó quien era más merecedor de respeto, él dijo “Tu madre” tres veces y a la cuarta dijo: “Tu padre”.

2. Los derechos reconocidos a las mujeres: Derechos y deberes son dos palabras hermanas. Si hay un derecho, debe haber un deber también. La Ley Islámica, que reconoce a las mujeres sus derechos y libertades desde el principio y rechaza cualquier menoscabo hacia la mujer, también ha asignado deberes a esta última. Antes de mencionar estos derechos, recordaremos los principios mencionados por el Profeta en el Último Sermón, en presencia de 130.000 personas.

“¡Oh gentes! Es cierto que tenéis ciertos derechos con respecto a vuestras mujeres, pero ellas tienen también derechos sobre vosotros. Recordad que las habéis tomado como esposas sólo por la confianza de Al-lah y con Su permiso. Si ellas respetan vuestros derechos, entonces a ellas pertenece el derecho a ser alimentadas y vestidas con amor. Tratad bien a vuestras mujeres y sed amables con ellas, porque ellas son vuestras socias y asistentes comprometidas. Y es vuestro derecho que ellas no hagan amistades con nadie que vosotros no aprobéis y que nunca dejen de ser castas”.

De nuevo, en un hadiz, él (PB) dice: “Temed a Al-lah en lo que respecta al respeto de los derechos de las mujeres. Guardaos de violar sus derechos y libertades, ya que ellas os han sido confiadas” (Ayluni, Kashfu’l-Khafa, Beirut, 1351, I.36)

Después de esta generalización, examinemos ahora brevemente los derechos reconocidos a las mujeres en la Ley Islámica.

Las mujeres tienen derecho al sustento (Nafaqa). Un marido está obligado a suministrar un sustento a su mujer y a los niños a los que ella dé a luz. Es decir, las mujeres tienen derecho al sustento de su marido. En la Ley Islámica, el marido tiene que satisfacer los gastos de la mujer en comida, ropa, vivienda y una criada, en caso de que el marido se lo pueda permitir. Las mujeres no pueden ser obligadas a compartir los gastos. Es obligatorio para el marido proporcionar el sustento a la esposa y los niños.

El derecho de la mujer a ejercer acciones: En la Ley Islámica las mujeres tienen el derecho a ejercer acciones legales. Tienen asimismo la libertad de disponer de sus propiedades. Ellas pueden adquirir y ejercer cualquier tipo de derechos civiles.

Además, la custodia de los niños es concedida a la mujer. Para los chicos, hasta que tienen siete años y para las chicas, hasta que ellas se casan.

El derecho a la herencia: Contrariamente a lo que estipulaban las leyes y prácticas históricas (excluyendo el Derecho Romano), desde el momento de la aparición del Islam, la Ley Islámica concedió a la mujer el derecho a la herencia.

Esta práctica ha estado basado en la igualdad, excepto en la concesión de dos tercios a los hermanos y un tercio a las hermanas. La razón lógica de esta práctica ha sido explicada en el Corán y los hadices. Las mujeres tienen partes más pequeñas en la herencia, porque no están obligadas a gastar su dinero en el mantenimiento del hogar, mientras que la parte del marido debe financiar la casa y el sustento de la esposa y los hijos.

El derecho a estudiar y a la educación: el estudio y la educación juegan un papel significativo en la comunidad islámica. La mujer es la perfecta pedagoga. Es la mujer la que cría y educa a los niños. Es impensable que la mujer sea privada de la educación. El Profeta Muhammad (PB) siempre animó y ordenó a las mujeres que aprendieran a leer y escribir. Hubo un gran número de mujeres narradoras de hadices, escritoras y juristas en la historia del Islam.

El derecho a trabajar: Las mujeres pueden ejercer cualquier profesión que no sea contraria a la religión y la ética.

Los otros derechos que la mujer puede demandar a su marido: Una mujer puede querer la entrega de su dote (mahr) de su marido. Además, el marido tiene que llevarse bien con su mujer. La mujer puede visitar a su familia, informando previamente a su marido, cuando quiera. El marido necesita satisfacer a su mujer y permitirle alcanzar sus places legítimos. El hombre no puede tratar brutalmente a su mujer por ninguna razón. El marido no puede revelar los secretos de su esposa.

Aunque las mujeres tienen esos derechos, el cabeza de familia es el marido. Éste es el principio adoptado en los sistemas de ley clásicos. El estar de acuerdo con este principio no significa, como algunos afirman, que existan diferencias entre el hombre y la mujer. El verso que indica que el marido es el cabeza de familia también rechaza esta afirmación. El Sagrado Corán dice:

“Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Al-lah ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan.” (4:34)

3 ¿Por qué se da a las mujeres la mitad de la herencia que a los hombres? ¿Qué dice el Islam sobre la parte de las mujeres en la herencia?

La parte de la mujer en la herencia y la igualdad

A. La situación antes del Islam

Una de las razones por las que las personas afirman que el Islam considera que los hombres son superiores a las mujeres y que viola la igualdad entre hombres y mujers es el hecho de que la mujer recibe un tercio de la herencia mientras que el hombre recibe dos tercios. Sin embargo, el dar un tercio a la mujer no tiene nada con el hecho de que el hombre sea superior a la mujer. Por el contraio, el Islam protegió los derechos de los niños pequeños y de las mujeres que estaban oprimidos y maltratados en el tiempo de la Yahiliyyah dando a la mujer una parte de la herencia. Esto viene declarado en el verso:

“Sea para los hombres una parte de lo que los padres y parientes más cercanos dejen; y para las mujeres una parte de lo que los padres y parientes más cercanos dejen. Poco o mucho,es una parte determinada.” (4:7) 1

Durante la era de la Yahiliyya en la Península Arábiga, las mujeres no recibían ninguna parte de la herencia. Lo que es más, las mujeres eran ellas mismas objeto de herencia, como si fueran objetos, cuando sus maridos morían. Sólo los hombres que podían utilizar armas y podían defender el país tenían el derecho a heredar. La propiedad del hombre que fallecía era dividida entre sus parientes que pudieran combatir. 2

Sin embargo, en Medina, los hijos que habían alcanzado la edad de la pubertad podrían heredar las propiedades de sus padres. Los hijos más jóvenes, las hijas y las madres no podían heredar nada de sus padres. 3

“Al-lah os ordena lo siguiente en lo que toca a vuestros hijos: que la porción del varón equivalga a la de dos hembras.” 4

De este modo, cuando el verso anterior fue revelado, a los politeístas no les gustó este mandato y dijeron:

“A la mujer se le da una cuarta parte o una octava; a la hija se da la mitad. Sin embargo, ellas no pueden ni montar a caballo ni luchar. Los niños pequeños también reciben la herencia, pero ellos no son aptos para la guerra. 5

Lo que se desprende de este punto es que el valor del hombre era medido por su contribución a la vida militar.

Esta mentalidad era la que predominaba en la época de la Yahiliyya y que todavía existe en los corazones de algunas personas que hablan en contra del método de la división que Al-lah declaró fard (obligatorio) en base a la justificia y a numerosas razones sabias. La mentadlidad de algunas personas que viven hoy en día no es muy diferente de la que existía en la época de la Yahiliyya.

La razón por la que este verso fue revelado muestra la situación de las mujeres y los niños durante la Era de la Yahiliyya. La esposa de Sa´d bin Rabi, que murió martirizado en la Batalla de Uhud, fue a presencia del Mensajero de Al-lah junto con sus dos hijas y dijo:

“¡Oh Mensajero de Al-lah! Éstas son las hijas de Sa´d. Su padre fue martirizado en Uhud. Su tío heredó su propiedad y no quedó nada para las hijas. Sin embargo, estas niñas no pueden casarse sin ninguna propiedad”.

El Mensajero de Al-lah (PB) escuchó la queja de la mujer y dijo: “Al-lah enviará Su decreto con respecto a este asunto”. 6  De este modo, fue revelado el verso sobre la herencia. 7

El Islam salvó así a las mujeres y a los niños de ser privados de la herencia. Él les dio una personalidad social y legal al igual que sucedía con los hombres. De este modo, aquellos que afirman que defienden los derechos de las mujeres no deberían criticar al Islam diciendo: “El Islam da a la mujer la mitad”. Por el contrario, ellos deberían aceptar y apreciar la equidad y superioridad del Islam, que dio a las mujeres el derecho a la herencia mediante una gran revolución.

Mediante este decreto, el Corán no sólo eliminó la desigualdad y la injusticia entre los hijos mayores y más jóvenes, sino que también dio el derecho de herencia a la madre, la hija, la hermana, la abuela, la nieta etc.

Las partes de estas personas, que el Corán considera como derechos fijos, no pueden ser eliminadas por ninguna norma legal o tradicional o una voluntad personal. Ellas deben ser consideradas dentro de la categoría de (nasiban mafrudan) “una parte determinada” (4:7). Esta frase es la indicación más obvia de que el decreto es claro y comprensible y que no puede ser cambiado.


B. Versos relativos a la herencia de las mujeres

Es obvio que la mujer tiene el derecho a recibir herencia, al igual que el hombrre, en el Islam. Las objeciones sobre la herencia tienen que ver con el hecho de que la mujer recibe la mitad de la parte del hombre.

En primer lugar, debenmos declarar que la generalizacion acerca de hecho se originan en la falta de análisis de los versos referidos a la herencia en su conjunto. Cuando esos versos son evaluados cuidadosamente y sin perjuicios, puede verse que esta afirmación no es verdad.

1. La mujer no siempre obtiene la mitad de la herencia que el varón. Esto sólo sucede cuando ella es heredera junto con su hermano varón de los mismos padres.

“Al-lah os ordena lo siguiente en lo que toca a vuestros hijos: que la porción del varón equivalga a la de dos hembras. Si éstas son más de dos, les corresponderán dos tercios de la herencia. Si es hija única, la mitad.” (4:11) 8

De modo, resulta claro que la regla de dar la mitad a la mujer no es una norma general que valga para todos los casos. Eso sería malinterpretar el contenido del mencionado verso.

2. Si la persona que ha muerto tiene sólo hijas (al menos dos), dos tercios de la herencia serán entregados a ellas. Si la persona que ha muerto tiene sólo una hija, ella recibirá la mitad de la herencia (4:11).

3. Si el hijo de unos padres muere y deja herencia y él tiene hijjos, la madre y el padre reciben la sexta parte de la herencia cada uno. Si la persona que ha muerto no tiene hijos y los padres son los herederos, la madre recibe un tercio de la herencia. Si la persona que muere tiene hermanos, la madre recibirá la sexta parte de la herencia. (4:11) 9

4. Si el marido muere, su esposa recibirá una cuarta parte de la herencia. Si el hombre que ha muerto tiene hijos de esa mujer o de otra, su esposa recibirá una octava parte de la herencia.

“A vosotros os corresponde la mitad de lo que dejen vuestras esposas si no tienen hijos. Si tienen, os corresponde un cuarto. Esto, luego de satisfacer sus legados o deudas. Si no tenéis hijos, a ellas les corresponde un cuarto de lo que dejéis. Si tenéis, un octavo de lo que dejéis. Esto. luego de satisfacer vuestros legados o deudas.(4:12) 10

De este modo, la afirmación de que la mujer recibe siempre la mitad de la herencia del hombre no es verdad. La parte cambia según las personas que compartan la herencia.

C. ¿Por qué se conceden dos tercios al varón y un tercio a la mujer?

Podría parecer injusto que la mujer reciba la mitad de la herencia que su hermano si esto es visto de manera superficial. Sin embargo, el hecho es que esto es justo si se analiza el sistema en su totalidad.

1. En el Islam, la herencia está dividida en base a las necesidades y responsabilidades de las personas. El sustento de la madre, la esosa, la hija y la hermana tiene que se proporcionado por el padre, el marido, el hijo y el hermano. En general, la mujer no tiene que suministrar el sustento a otros parientes. 11  Es el hombre el que tiene que hacerlo. El hombre es el responsible del mantenimiento de la su familia. De este modo y en base a la regla de “los dones están basados en las responsabilidades”, el hombre que es el responsible del mantenimiento de su esposa, hijas, madre y, cuando es necesario, de su hermana, debe recibir una parte de herencia que dos veces mayor que la de su hermana, que no tiene tales responsabilidades.

2. La mujer tiene una plena autoridad para gastar su propiedad como desee. Incluso si la mujer es rica, ella no tiene que gastar ningún dinero para la familia. 12  Desde este punto de vista, si la mujer y el hombre recibieran la misma cantidad, el equilibrio se vería perturbado en contra del hombre, que tiene que proporcionar sustento para la familia. La mujer, como hemos visto, no tiene esta responsabilidad.

“Y en lo que se refiere a que el hombre tenga una porción igual a la de dos mujeres... eso es pura justicia y también pura compasión. Sí, es justicia porque la inmensa mayoría de los hombres tienen esposa y la mantienen. Y las mujeres tienen un marido y obtienen su sustento de él. Esto compensa la diferencia de lo que han heredado”. 13

3.  Si la mujer no está casada, ella es una persona soltera que está a cargo de su padre o hermanos. Cuando ella se casa, su marido tiene que proporcionarle un sustento para ella y sus niños, como ha sido mencionado antes. La mujer no tiene responsabilidades de ganar dinero. 14 Además, la mujer recibe el mahr (dote) de su marido y tendrá muchos obsequios, como oro, dinero, cubertería, etc dependiendo de la tradición. La mujer no tiene que gastar el dinero que tiene. 15  Si ella lo desea, puede incrementarlo mediante inversiones. El hermano gastará la herencia que recibe en el matrimonio en el mahr (dote) y en el sustento de la familia. Además, si la hermana que está soltera no puede vivir de la herencia que ha recibido, el hermano tiene que apoyarla. 16. De este modo, cuando el tema se ve desde el este punto de vista, el dar al hombre dos tercios y a la mujer la mitad es una muestra de justicia real.

Es importante resaltar que el Islam propone una estructura en la que las mujeres son interdependientes socialmente, pero independientes económicamente. Esto es importante si queremos comprenden el énfasis del Islam en el amor mutuo, el respeto, la tolerancia y el entendimiento entre los miembros de la familia. Sin embargo, con independencia de lo virtuosos que sean los miembros de la familia, la mujer no está obligada a proporcionar dinero para el mantenimiento de la misma. Ella puede actuar independientemente fuera de la familia. La responsabilidad de esta última siempre depende del hombre. De hecho, este privilegio dado a las mujeres muestra la importancia que nuestra religión les otorga.

4. El hermano puede dar una parte igual o mayor a su hermana si él lo desea al dividir la herencia. Esto será contemplado como una donación o regalo. Nadie puede impedirlo.

5. El tema tiene también un aspecto psicológico. El Islam no está ligado a un cierto tiempo o nación. Es universal asi que tiene que tomar en consideración todos los tiempos y comunidades así la psicología humana en sus decretos. En casi todas las épocas y comunidades, las hijas han sido consideradas como “mujeres que toman las propiedades de la casa de sus padres para pasarla a otros” y esto es válido hasta hoy. De hecho, incluso si la mujer se casa, posee una familia separada y tiene hijos, ella todavía necesita la misericordia, compasión y apoyo de sus padres y hermanos. La compasión y la misericordia que ella recibe es más valiosa que las propiedades que ella obtiene de su familia. En ese caso, el dar al hijo y a la hija la misma parte al dividir la hrencia puede dañar esta compasión y misericorida. Abordando el tema desde este punto de vista, Badiuzzaman Said Nursi declara lo siguiente:

“Es también una misericordia para una chica débil, que necesita del afecto y el apoyo de su padre y hermanos. El Corán decreta que ella debe recibir afecto y apoyo de un relajado padre que no la vea como “una hija molesta que hará que la mitad de la riqueza familiar vaya a pasar a las mnanos de un extraño”. La ansiedad y la irritación no se mezclan con su afecto. Ella también recibe la protección y el afecto de su hermano sin que exista rivalidad o envidia entre ambos. Él no la ve como un rival que priva a la familia de la mitad de sus propiedades para dárselas a alguien más. No habrá frustración y hostilidad mezclados con los sentimientos de compasión y protección hacia ella. De este modo, la chica, que es delicada y débil por naturaleza, es privada aparentemente de una pequeña parte de bienes, pero, en lugar de ella, recibe una riqueza inagotable en forma de compasión y amor de parte de aquellos que están cercanos a ella. Y el darle a ella más de esa parte, con la idea de ser más misericordioso con ella que la Divina Misericordia, no es amor, sino un gran error. Ciertamente, con la salvaje codicia que existe en los tiempos actuales, que recuerda la brutal tiranía de la Era de la Yahiliyya, cuando se enterraban vivas a las hijas, la perversidad inmisericorde puede abrirse paso. Sin embargo, no cabe olvidar que todos los mandatos coránicos están basados en la misericordia:
“Nosotros no te hemos enviado sino como misericordia para todo el mundo.” (21:107).” 17

Con esta evaluación, Badiuzzaman Said Nursi aborda este tema desde punto de vista más profundo.

Los conflictos ocurren entre muchos hermanos y hermanas porque los hombres y las mujeres reciben partes iguales de la herencia hoy. El hermano no puede aceptar que la hermana reciba la mitad de la fortuna de su padre para pasarla a otra familia. De este modo, muchos conflictos sobre la herencia ocurren entre hermanos y hermanas en nuestro país. Hoy en día, muchas personas presionan a sus hermanas y les piden que no tomen ninguna parte de la herencia o se contenten con una pequeña cantidad. Las hermanas a veces ceden sus derechos bajo presión. Las mujeres son convencidas y silenciadas en tribunales familiares ilegales. Como vemos en los medios, los conflictos sobre la herencia pueden transformarse incluso en disputas sangrientas. El no aceptar el método de división de la herencia establecido por Dios y el no estar contento con la parte que a uno le corresponde ha traído, pues, mucha opresión e injusticia.

Debido a las razones que hemos expuesto arriba, el hombre obtiene su parte en base al volumen de sus responsasbilidades financieras. La mujer, que no tiene ninguna responsabilidad financiera familiar, ya sea ella rica o pobre, disfruta siempre de una seguridad social, incluso cuando está soltera. De este modo, la hija, la esposa, la madre o la viuda reciben la parte correspondiente. 18  Si este decreto de Al-lah, que tiene una sabiduría interminable no es justo, significa entonces que no hay justicia en la tierra.

En conclusión, podemos decir que la ley de herencia, que busca preservar la continuación de la familia, es uno de los derechos que son explicados con todo detalle. El contemplar la herencia desde el punto de vista de la igualdad de género sólo sirve para crear una base de error, ya que las partes de las mujeres son evaluadas de forma distinta en medio de diferentes situaciones. Existen diferentes categorías dependiendo de si la mujer es esposa, madre, hermana única o una de las hermanas. Aquellos que defienden una igualdad absoluta en cada tema, ignoran los principios que hemos mencionado antes. De este modo, el hecho de que se dé a la mujer la mitad de la herencia del hombre en algunos casos no supone en absoluto que los hombres sean considerados como superiores a las mujeres.

Si eso fuera así, entonces tendríamos que considerar que los niños son superiores a los padres, ya que ellos reciben una parte más importante de la herencia que sus padres. Esto es, pues, una afirmación ridícula. Por el contrario, este método de división es directamente proporcional a las responsabilidades de la mujer y del hombre y busca distribuir la herencia de una forma equitativa que no perjudique el amor y la justicia dentro de la familia y la vida social.

Además, los niños, que están a punto de iniciar una vida y que hacen frente a dificultades financieras necesitan las propiedades más que sus padres y se les otorga, pues, una parte mayor que les permita asegurar su vida. Todo ello sirve también para reforzar la clase media dentro de la sociedad. 
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Notas al pie de página:

1. an-Nisa, 4/7.
2. see Tabari, Jamiu’l–Bayan 4/262, Egypt, 1968; Razi, Tafsiru’l-Kabir 9/194, Beirut; Tahir b. Ashur, at–Tahrir wa’t-Tanwir 4/248, Tunus, nd; Ibn Kathir, Tafsirul-Qur’ani’l-Azim 2/161. Los árabes solían decir: “Aquellos que no luchan con sus lanzas, que no pueden defender el pais y no pueden conseguir un botín, no pueden ser herederos”. Ver íbid para las prácticas de la herencia en la Era de la Yahiliyya, ver Ali Osman Ateş, İslâm’a Göre Cahiliye ve Ehl-i Kitap Örf ve Adetleri p. 379-388.
3. Hamidullah, Muhammad, İslâm Peygamberi 1/260, İrfan Yay. İst. 1980; Para las prácticas de la herencia en el Judaísmo ver Ali Osman Ateş, İslâm’a Göre Cahiliye ve Ehl-i Kitap Örf ve Adetleri p. 372-380.
4. an-Nisa, 4/11.
5. ver Tabari, ibid 4/275; Ibn Kathir, ibid 2/197.
6. Abu Daud, Faraid 4; Ibn Mayah, Faraid 2.
7. Wahidi, Asbabu’n–Nuzul p.150; see Ibn Kathir, ibid 2/196; Qurtubi, al-Jami’ li Ahkami’l-Qur’an 5/39; Razi, ibid 9/203-204. Algo que Jabir b. Abdullah experimentó es también mencionado entre las razones por las que el verso fue revelado. Ver Bujari, Tafsiru’l-Qur’an 4; Tirmidhi, Faraid 6; Tirmidhi, Tafsiru’l-Qur’an 5.
8. an-Nisa, 4/11.
9. an-Nisa, 4/11.
10. an-Nisa, 4/12. Un asunto notable es que las mujeres reciben el derecho a disponer de su última voluntad justo como los hombres. “En lo que tus mujeres dejen, tu parte es la mitad, si ellas no dejan hijos”, Cuando una persona, sea hombre o mujer, fallezca, sus deudas son pagadas y luego la herencia es dividida. Esto significa que la mujer tiene todo tipo de derechos civiles y sociales. La mujer puede disponer de sus propiedades, dejarlas en herencia, recibir su parte de la herencia, prestar y tomar prestado. El Corán da a la mujer el derecho de tener propiedades y usarlas como desee. De este modo, da a la mujer una personalidad libre. Ver Süleyman Ateş, Çağdaş Kur’ân-ı Kerim Tefsiri, Yeni Ufuklar Neşriyat, 1988, 2/574; Para una información más detallada sobre el estado de la mujer cuyo marido muere con respecto a la herencia,  ver Hamza Aktan, İslâm Miras Hukuku İşaret Yay., İstanbul, 1991.
11. Para una mayor y más detallada información sobre el mantenimiento de la mujer y sus responsabilidades, ver  İslâm’da Kadın Hakları (Anthology) 2/178-283 Rehber Baş. Yay. 1. Baskı. Ankara, 1993.
12. Para una información más detallada, ver Ruhi Özcan, İslâm Hukuku’nda Hısımlık Nafakası p. 68-84, Çağlayan Yayınları İzmir, 1996.
13. Nursi, Badiuzzaman Said, Mektubat p. 37, Envar Neşriyat, İstanbul, 1997; see also Sözler p. 381.
14. see Kasani, Alauddin Abu Bakr Ibn Masud, Badaiu’s–Sanai’ 4/28. Egypt, 1328; Sarakhsi, Muhammad b. Ahmad, al-Mabsut 5/187. Egypt, 1324; Ibn Rushd’il–Hafid, Muhammad Ibn Ahmad, Bidayatu’l–Mujtahid 2/55, Egypt, 1379.
15. Así, por ejemplo, si el padre es pobre y la mujer es rica, el marido es aún así responsable. La mujer no puede ser considerada nunca responsible de proporcionar el sustento a su marido. El mismo decreto es válido para el marido que no pude proporcionar un sustento para su mujer debido a razones como estar incapacitado o parado. En este caso, el sustento del hombre es proporcionado por sus parientes, pero no por su esposa. La mujer será, en ese caso, apoyada también sus propios familiares. El sustento de la mujer es una deuda del hombre que no desaperece debido a las prescripciones. Incluso si la mujer gasta su propio dinero, ella puede tomar dinero de su marido. Ver Özcan, Ruhi, Hısımlık Nafakası p. 71.
16. Sobre el sustento de la familia, ver Ruhi Özcan, ibid p. 89-154.
17. Nursi, Badiüzzaman Said, Mektubat 37; Sözler p. 381.
18. Para la seguridad social de la mujer en el Islam, ver Faruk Beşer, Kadının Çalışması Sosyal Güvenliği ve İslâm p.165-180, Nun Yay. İst. 1995; Bayraktar Bayraklı says, “Si el padre en una familia es viejo y los hijos y las hijas trabajan juntos y ganan dinero juntos, sus partes de la herencia son iguales”. Él utiliza el verso 32 de la Sura An Nisa como evidencia. Sin embargo, este verso no puede ser declarado como prueba de ese hecho porque él declara que la mujer necesita  recibir su parte de la herencia. Esta parte depende de varias situaciones y viene establecida por los versos y los hadices. Es también necesario decir que el ingreso de la mujer en tal familia le pertenece sólo a ella. La mujer no tiene que gastar su dinero en los gastos de la familia, ya que es su propiedad personal. Ver Bayraktar Bayraklı, Kadın, Sevgi ve Temel Hakları p. 64, İşaret Yay. İstanbul, 2000.
19. Sobre la clase media y los principios islámicos, ver İzzet Er, Sosyal Gelişme ve İslâm p. 94-115, Rağbet Yayınları, İstanbul, 1999.