¿Cuáles fueron las causas de las guerras en las que luchó el Profeta (PB)?

The Answer

Dear Brother / Sister,

Es un hecho conocido que las razones de estas guerras pueden ser explicadas. Según nuestras evaluaciones, el Profeta (PB) participó en algunas guerras por las razones siguientes:

1. Hacer sentir al enemigo que los musulmanes tenían suficiente poder para luchar

Algunas de las guerras del Profeta (PB), especialmente las sariyyas, expediciones fuera de Medina realizadas bajo el mando de una persona distinta a la del Profeta, fueron realizadas antes de la Batalla de Badr y estuvieron dirigidas a mostrar a los politeístas y a los judíos de Medina, que tenían un sentimiento de hostilidad hacia el Islam y sus seguidores, y a los politeístas de Meca, que estaban esperando una oportunidad para atacar a los musulmanes, que éstos eran fuertes y habían establecido un área de libertad para transmitir el mensaje del Islam y proteger la vida de los musulmanes (1).

Estas sariyyas eran expediciones que se realizaban para mostrar la existencia de los musulmanes y su poder y su resultado fue que se superaron los obstáculos que existían para la predicación. El dominio de la fuerza bruta en aquella época en la región, que llevaba a que el poderoso se sintiera propietario de todos los derechos y no reconociera los de las personas más débiles, motivó al Profeta Muhammad (PB) a enviar destacamentos con el fin de establecer la seguridad en el territorio. Las sayyiras de Saif al Bahr y Rabig junto con Abwa, Buwat, Hamraul Asad y la Pequeña Badr fueron realizadas con este propósito (2).

2. Cortar las fuentes financieras de los ataques

Algunas de las guerras del Profeta fueron libradas con el propósito de controlar las rutas comerciales de los politeístas de Meca y debilitarles económicamente, ya que elloa habían comenzado a crear un ejército con el fin de luchar contra el Profeta Muhammad (PB) y los musulmanes, utilizando para ello los bienes que estos últimos habían dejado tras de sí durante la emigración de Meca a Medina y que fueron objeto de apropiación por los politeístas. La única fuente de ingresos de los politeístas de Meca era el comercio. Los guardias armados de sus caravanas que eran enviadas a Damasco tuvieron así que ser hostigados cerca de Medina con el fin de no permitirles perjudicar a los musulmanes. Por esta razón, el Profeta Muhammad (PB) preparó gazuas (batallas en las que el Profeta dirigió el ejército del Islam en persona) para atacar las caravanas de los politeístas (3).

En realidad, la Batalla de Badr fue llevada a cabo con el propósito de impedir la preparación de otra que iba ser lanzada por el Quraish con el beneficio que ellos habían sacado de las caravanas comerciales de Meca. La Batalla de Uhud fue preparada con los ingresos adquiridos de una caravana que Abu Sufian había enviado con el fin de financiar su campaña contra el Profeta Muhammad (PB) y los musulmanes (4).

Las sariyas de Saiful Bahr, Rabig, Harar, Nahla, Qarda e Is, que fueron realizadas contra los politeístas de Meca, fueron una medida de disuasión efectiva y sirvieron para cortar sus suministros financieros (5).

3. Defenderse contra los ataques

Mientras que todas las batallas del Profeta Muhammad (PB) tuvieron una naturaleza defensiva, en lo que se refiere a sus razones y propósitos, el número de batallas defensivas en términos de estrategia es reducido en número. Algunas batallas del Profeta Muhammad (PB) ocurrieron como resultado de los ataques el enemigo, que buscaba acabar con la existencia de los musulmanes y su integridad territorial.

En tal situación, el Profeta Muhammad (PB) utilizó su derecho a la legítima defensa dado que el Corán dio permiso para combatir con el fin de defenderse cuando hay un ataque (6) y enfatizó que las batallas deben ser libradas cuando hay razones legítimas (7).

En el periodo ocurrido entre las batallas de Badr y Jandaq los musulmanes realizaron intentos para defenderse contra los politeístas de Meca y los judíos de Medina (8). La vital importancia de estas medidas de defensa, en particular contra los judíos, puede ser vista en los períodos más tardíos. En realidad, con la traición de los quraizans, los musulmanes vivieron momentos peligrosos en que tuvieron que defender Medina contra las poderosas tropas de los Ahzab, que habían sido formadas por los politeístas de Meca y los judíos de Jaibar (9).

Durante el período de Meca, el Profeta Muhammad (PB) se vio obligado a luchar contra la actitud hostil de los judíos hacia los musulmanes y tuvo que prepararse contra sus posibles ataques (10). Por esta razón, las de Badr, Uhud y Jandaq fueron las mayores batallas defensivas en términos de legitimidad y estrategia.

4. Reunir información sobre el enemigo

Algunas gazuas y sayyiras del Profeta Muhammad (PB) fueron llevadas a cabo antes de las batallas con el fin de recabar información sobre los enemigos, que estaban buscando una oportunidad para atacar en cualquier momento. Los musulmanes tuvieron que estar siempre en alerta contra todos los enemigos, en especial los politeístas. Por estas razones, después de haber garantizado la seguridad en Medina, el Profeta Muhammad (PB) buscó ser más cauto frente a los politeístas de Meca al suscribir acuerdos con las tribus cercanas. Las primeras sariyyas fueron llevadas a cabo con el propósito de reunir información sobre el enemigo, conseguir datos de inteligencia y conocer su situación política y económica (11).

Patrullas y espías fueron enviados antes de las batallas para recabar información. El disponer de datos de inteligencia sobre la situación militar del enemigo era de la mayor importancia para la seguridad de los musulmanes. Esto es debido a que ellos tuvieron que luchar con un poder limitado contra el enemigo hasta la conquista de Meca y necesitaban recibir información sobre la fuerza militar de los enemigos, incluyendo sus formas de lucha y bajo qué condiciones la llevarían a cabo (12). Las sariyyas de Nahla, la primera Dhu’l Qassa, Wadi’l Qura’, la Segunda Yinab, Hunain, Abdulá ibn Rawaha and Jaibar fueron realizadas con el fin de obtener información sobre el enemigo, que podía lanzar ataques de forma instantánea.

5. Violación de los tratados y castigo a la traición

La ruptura de los tratados constituye un crimen en las relaciones internacionales. La ruptura de los términos de los tratados por cualquier parte fue la causa de algunas batallas en el tiempo del Profeta Muhammad (PB). La violación de la Constitución de Medina (la Carta de Medina) y la del Tratado de Hudaibiyyah, que fueron redactados por el Profeta Muhammad (PB) después de la Emigración (Hégira) fueron la causa básica de algunas de las batallas.

El Mensajero de Al-lah (PB) siempre cumplió plenamente los tratados. El ejemplo más claro de ello es el siguiente: una cláusula del Tratado de Hudaibiyyah establecía que “cuando alguien se convierte en musulmán en Meca y quiere refugiarse en Medina, su demanda no será aceptada y será repatriado a Meca”. Después de la firma, Abu Yandal, que era hijo de un delegado de Meca, fue a ver al Profeta Muhammad (PB) arrastrando sus cadenas y le pidió protección. Cuando Suhail ibn Amr, que firmó el tratado por cuenta de los mecanos, rechazó esta demanda afirmando que el tratado se había convertido ya en válido, Abu Yandal gritó: “¡Oh musulmanes! ¿Me devolveréis a estos Quraishis que quieren que yo apostate?” El Profeta (PB) le respondió: “¡Oh Abu Yandal! Se paciente. Espera tu recompensa de Al-lah. Al-lah te mostrará a ti y a otros como tú una puerta. Tenemos un acuerdo con el Quraish. Esto es una promesa mutua por la causa de Al-lah y no podemos romperla”. (13)

Este triste acontecimiento es un ejemplo muy importante de la lealtad del Profeta (PB) a las cláusulas de los tratados.

El período de lucha que comenzó después de la Emigración finalizó con el Tratado de Hudaibiyya. Sin embargo, este tratado se terminó debido a una violación del mismo por parte de los Quraishíes. Por esta razón, el Profeta Muhammad (PB) avanzó hacia Meca con el fin de castigarles (14). Del mismo modo que las batallas del Profeta contra los politeístas, las libradas contra las tribus judías de Medin fueron llevadas a cabo en base a propósitos legítimos similares: la violación de tratados y la colaboración con el enemigo.


6. Castigar a los asaltantes y saqueadores

El saqueo de los pastos de verano para los animales que pertenecían a los musulmanes y el martirio de algunos musulmanes de aquel tiempo constituyeron la razón de algunas sariyyas. Fue necesario luchar contra aquellos que solían atacar a los musulmanes debido a sus creencias y a las tribus que organizaban estos ataques. La lucha que se realizó con el fin de proteger las propiedades y la vida en el caso de saqueos y asaltos fue considerada como un acto de autodefensa. La pérdida de propiedades y vidas durante los actos de autodefensa no implica ninguna pena, en los términos de la ley islámica.

Las sariyyas de Harar, la segunda Dhul Qassa, Tarif, los Hijos de Fazara, Ukl, Uranis y Maifaa, junto con las gazuas de los Hijos de Quraiza, Safawan, la Primera de Badr, Sawiq y Dumatul Yandal fueron el resultado del saqueo de las propiedades de los musulmanes y el Profeta (PB) y del martirio de algunos musulmanes durante estos asaltos y saqueos.

7. Impedir al enemigo obtener apoyos

El Profeta Muhammd (PB) mantuvo una actitud pacífica y estuvo abierto a los acuerdos en cada fase de su vida. Él suscribió tratados con las tribus de varias religiones que vivían en Medina en una situación en la que él había sido expulsado de su tierra y obligado a emigrar a dicha ciudad, hasta donde llegaron después los intentos de los politeístas de perseguirle. En este contexto, fueron suscritos algunos acuerdos con varias tribus que estaban localizadas en las rutas comerciales que usaba el Quraish con el fin de impedir que se unieran al enemigo y crear así una plataforma de paz (17). Las gazuas de Abwa y Dhul Ushira fueron llevadas a cabo con el propósito de actualizar un acuerdo de paz. El Mensajero de Al-lah (PB) realizó un esfuerzo dirigido a poner fin a los desacuerdos mediante la firma de tratados de paz, cuando no había guerras todavía.

8. Intervenciones realizadas al tener noticias de ataques


Una importante parte de las gazuas y sariyyas del Profeta Muhammad (PB) fueron llevadas a cabo como resultado de las noticias de ataques en preparación por parte de una tribu o una alianza de tribus contra el Profeta y los musulmanes por motivo de su creencia. Si no hubiera habido una reacción ante las noticias de ataques, ello hubiera significado rendirse ante una agresión enemiga. El Profeta Muhammad (PB) actuó con el fin de no recibir el primer golpe del ataque que había sido planeado por fuerzas hostiles. El asalto del enemigo es una razón legítima para la guerra, pero también lo es un ataque en preparación por parte del enemigo, que haya sido detectado gracias al trabajo de inteligencia (18). Las siguientes gazuas y la expedición militar de Tabuk fueron llevadas a cabo como resultado de recibir el plan de ataque del enemigo. Entre estas gauzas podemos citar las de la Primera Dhul-Qassa, Qarqaratu’l- Kudr, Bahran, Dumatu’l Yandal, Muraisi, Wadi’l-Qura, Turaba, Nayid, Hawazins, Maifaa, Yinab, Dhatu’s-Thalathil, los Hijos de Bakr, Abdulá ibn Rawaha, Jaibar, Gaba y las sariyyas de Qutba ibn Amir, Gaatafan, Qatan, Dhatu’r-Riqa, Hunain, Taif y Jaibar. De este modo, un gran número de gazuas y sariyyas fueron el resultado de recibir las noticias acerca de próximos ataques.

9. Ayudar a los musulmanes perseguidos

Algunas de las batallas fueron libradas con el fin de poner fin a la presión contra la libertad de creencia y religión que era ejercida por algunas tribus y estados que oprimieron y torturaron a los musulmanes. Dichas tribus y estados, que estaban llenos de enemistad hacia los musulmanes, manifestaron su hostilidad contra ellos siempre que tuvieron la oportunidad. Esta enemistad les llevó a oprimir y torturar a los musulmanes que vivían en otros estados como minoría.

Los individuos y comunidades musulmanes que son perseguidos y cuya libertad de creencia y religión es impedida y que no pueden practicar su religión son considerados responsables si no intentan poner fin a esta opresión (19). Y aquellos perseguidos que son débiles dicen al resto: “¿Por qué no queréis combatir por Al-lah y por los oprimidos, hombres, mujeres y niños que dicen: “¡Señor! ¡Sácanos de esta ciudad, de impíos habitantes!”(20)

El verso de arriba puede ser utilizado como base para lucha con el fin de ayudar a las personas que están expuestas a la opresión. El hecho de que el Profeta (PB) ayudara a la tribu de Juzaa después de su demanda de ayuda durante el período del Tratado de Hudaibiyya (21) puede ser interpretado como una implementación de este verso (22). La sariyya de Bir al Mauna y la gazua de Dumatul Yandal fueron las intervenciones militares que el Profeta (PB) llevó a cabo con el fin de ayudar a los musulmanes que sufrían una opresión.

10. Eliminar las barreras que impiden la dawa (transmitir el mensaje del Islam)

Dado que la dawa era el primer deber del Profeta (PB), el propósito era hacer que todo el mundo conozca a Al-lah en un ambiente de paz. El deber de la dawa no fue ignorado ni siquiera en las situaciones en las que el enemigo obligó a los musulmanes a luchar (23). Con tal fin, el Profeta (PB) envió a delegados para efectuar dawa con las tribus y estados que se hallaban alrededor de Medina. Cuando las razones que existen detrás de las gazuas de las que se afirma que fueron llevadas a cabo por motivo del dawa son examinadas, vemos que ellas tuvieron lugar porque los enviados tuvieron que defenderse cuando fueron atacados. En otras palabras, las guerras fueron libradas no debido a que aquellos a los que se dirigió el esfuerzo de la dawa no aceptaran el Islam sino porque ellos atacaron a los musulmanes. De este modo, el Profeta (PB) luchó con el fin de eliminar las barreras que impedían la dawah y no para obligar a la gente a aceptar el Islam.

Entre las sariyyas que el Mensajero de Al-lah (PB) llevó a cabo con la intención de proteger a los que realizaban un llamamiento de la gente al Islam están la de Dhat al Atlah, bajo el liderazo de Kabb ibn Umair (24), Dhat ath-Thalathil, bajo el liderazgo de Amr bin As (25), Dumatul-Yandal, bajo el liderazgo deAbdurrahman bin Auf, y Yazima, bajo el liderazgo de Jalid bin Walid (26). La sariyya bajo el liderazgo de Ibn Abil Auya fue a los Hijos de Sulaim para invitarles al Islam, pero ellos dijeron: “No necesitamos tu llamamiento”. Entonces, ellos atacaron a los musulmanes disparando sus flechas y martirizaron a todos los musulmanes, excepto Ibn Abil Auya (27).

El Profeta (PB) envió en ocasiones delegados a algunas tribus y estados cuando éstos lo solicitaron y otras veces lo hizo con la intención de transmitir el Mensaje del Islam sin que le fuera pedido. Algunos de estos enviados, cuyo propósito era sólo el de transmitir el mensaje del Islam, sufrieron emboscadas y fueron traicionados, y algunos de ellos martirizados. Algunas de las sariyyas de este grupo fueron las de Rayi', Bi'r al-Mauna, Hijos de Sulaim, Dhat al-Atlah, Dhat ath-Thalathil, Hijos de Jazima, Uman, Bahrain y Dumatul-Yandal.

Algunas tribus pidieron delegados afirmando que pensaban convertirse en musulmanes y prometiendo que les protegerían. Sin embargo, les tendieron emboscadas y los convirtieron en mártires. Estos ataques provocaron la formación de algunas sariyyas y gazuas. Los delegados, que buscaban informar a la gente sobre la religión que traería la salvación a la humanidad, fueron atacados a traición y emboscados. El Profeta (PB) luchó contra aquellos que atacaron de este modo al Islam con el fin de defender la religión. La gazua de Dhat ar Riqa y las sariyyas de Yamum, Maifaa, Hijos de Amir, la Segunda Saif al Bahr y Jaibar sirvieron para contrarrestar los ataques a enviados pacíficos-

11. Castigar a aquellos que maltrataron y mataron a enviados

El Mensajero de Al-lah despachó a enviados a los gobernantes de varios países de la región después del Tratado de Hudaibiyya con la intención de invitarles a abrazar el Islam. Algunos de estos gobernantes contestaron positivamente a la llamada. Sin embargo, otros lo hicieron de forma negativa e insultaron a los enviados y al Profeta (PB) (28). Algunos de estos enviados que fueron despachados a los líderes y gobernantes de las tribus y países para cumplir con la obligación de la dawah fueron insultados, muertos o atacados. Sin embargo, las normas internacionales de la época establecían una protección para los enviados y mensajeros. Las sariyyas de Himsa, Hijos de Qurait y Qurata y la expedición de Muta fueron realizadas por esta razón.

12. Responder a una declaración de guerra del enemigo

La declaración de guerra del enemigo fue considera por el Profeta (PB) como una de las razones legítimas para luchar. El no responder a una tribu o estado que te declara la guerra lo animaría a atacar con más fuerza y valor. De este modo, es necesario responder a la declaración de guerra del enemigo. En ese caso, dicha acción está considerada como un acto de autodefensa porque el enemigo demuestra que está determinado a combatir. Cuando el Profeta (PB) hizo frente a esta determinación, respondió a la declaración de guerra. El único ejemplo de este tipo es la gazua de la Pequeña Badr.

Cuando el Profeta fue derrotado por los politeístas de Meca en un sentido durante la Batalla de Uhud, él aceptó la oferta de Abu Sufian, que le desafió, eufórico por aquella victoria, a luchar de nuevo cerca de Badr al año siguiente (30). Con el fin de responder a la declaración y amenaza de guerra por parte del Quraish, el Profeta preparó un Ejército y lanzó una expedición (31). Sin embargo, cuando llegó a Badr, no había nadie. Abu Sufian, que había abandonado Meca con un ejército de 2.000 hombres, decidió regresar antes de llegar a Badr debido a la excusa del hambre (32). Se desprende de ello claramente que sta expedición del Profeta (PB) fue realizada debido a la declaración de guerra de Abu Sufian.

Conclusión

Se desprende de este estudio, que las batallas y guerras llevadas a cabo por el Profeta tuvieron varias causas y razones. De este modo, todas las luchas estuvieron basadas en razones legítimas y no hubo batalla, guerra o intervención del Profeta (PB) que fuera injusta. Cuando se toman en consideración todas estas causas y razones, vemos claramente que el Profeta no atacó a ninguna tribu o estado injustamente.

Cuando los principios del Islam, que están basados en el Corán y la Sunnah, son tomados en consideración, vemos que las relaciones entre los individuos y los estados están basados siempre en el principio de la paz. La guerra no es algo querido y es una obligación temporal que sólo puede estar motivada por la autodefensa y la protección de la existencia.

Notas al pie de página:

1. Khattab, Mahmud Shit, Komutan Peygamber Hz. Peygamber’in Askerî Dehası, traducido por Ağırakça, Ahmed, İst., 1988, p. 56.
2. Para información detallada sobre las ghazuas y sariyyas, ver Nargül, Veysel, Kur’an ve Hz. Peygamber’in Uygulamaları Işığında Cihad, (Tesis doctoral no publicada), Erzurum, 2005, p. 111-217.
3. Ibn Hisham, Abu Muhammad Abdulmalik b. Hisham, as-Siratu’n-Nabawiyya, publicada con críticas de Mustafa Saka y amigos, by., nd., II, 241-242, 245; Muslim, Sayd 17.
4. Ibn Sa’d, Muhammad, at-Tabaqatu’l-Kubra, Beirut, 1985, II, 37; Samhudi, Nuruddin Ali b. Ahmad, wafau’l-Wafa, Beirut, nd., I, 281. See also Ibnu’l-Athir, Abu’l-Hasan Ali b. Muhammad, al-Kamil fi’t-Tarikh, Beirut, 1965, II, 113, 116; Bukhari, Manaqib, 251, Maghazi, 2.
5. See Hamidullah, Muhammad, İslam Peygamberi, traducido por Salih Tuğ, Ankara, 2003, II, 1036-1037.
6. al-Hajj, 22/38; al-Baqara, 2/190; ash-Shura, 42/41.
7. al-Baqara, 2/194.
8. Khattab, Komutan Peygamber, p. 13.
9. Waqidi, Muhammad b. Umar, Kitabu’l-Maghazi, Oxford University, 1966, II, 459-460; Ibn Qayyim, Abu Abdillah Muhammad b. Abi Bakr, Zadu’l-Maad fi Hady-i Khayri’l-Ibad, Cairo, nd., III, 129-130.
10. al-Baqara, 2/91; Aal-i Imran, 3/183; Qasas, 28/48-50.
11. Ibn Hisham, I-II, 601, ff.; Hamidullah, İslam Peygamberi, I, 139.
12. See Balazuri, Abu’l-Abbas Ahmad b. Yahya b. Jabir, Ansabu’l-Ashraf, Beirut, 1996, I, 383-384; Kattani, Abdulhay, at-Taratibu’l-Idariyya, Beirut, nd., I, 363.
13. Ibn Hisham, III-IV, 318; Bayhaqi, Ahmad b. Ali b. Husayn, as-Sunanu’l-Kubra, Hyderabad, 1344, Sunan, IX, 219-220.
14. Ibn Qayyim, Zadu’l-Maad, III, 290, 394.
15. See Ibn Hisham, I-II, 501-504.
16. Ibn Sa’d, II, 28-29, 57-59, 74-78; Ibnu’l-Athir, II, 137-139; Suhayli, Abdurrahman b. Abdillah b. Ahmad, ar-Rawdu’l-Unf fi Tafsiri’s-Sirati’n-Nabawiyya li Ibn Hisham, Cairo, nd., II, 296; Samhudi, I, 277-278, 298.
17. al-Anfal, 8/58; at-Tawba, 9/12-13; Güner, Osman, Resûlullah’ın Ehl-i Kitap’la Münasebetleri, Ankara, 1997, p. 299.
18. al-Anfal, 8/58; at-Tawba, 9/12-13; Aal-i Imran, 3/146-147, 200.
19. al-Hajj, 22/39-40.
20. an-Nisa, 4/75.
21. Abu Yusuf, Yaqub b. Ibrahim, Kitabu’l-Haraj, Cairo, 1396, p. 230; Balazuri, Futuhu’l-Buldan, publicado con críticas de Abdullah Anis at-Tabbaa’, Beirut, 1987, p. 41.
22. Yaman, Ahmet, İslam Devletler Hukukunda Savaş, İstanbul, 1998, p. 86-87.
23. Darimi, Siyar, 8.
24. Ibn Sa’d, II, 127-128.
25. Ibnu’l-Athir, II, 232.
26. Ibn Hisham, IV, 280-281.
27. Ibn Sa’d, II, 123.
28. Ibn Kathir, Ibn Kathir, Imaduddin Abu’l-Fida Ismail, al-Bidaya wa’n-Nihaya, Beirut, 1966, IV, 268 ff.
29. Shaybani, Muhammad b. Hasan, Sharhu Siyari’l-Kabir, (con la explicación de Sarakhsi), Beirut, 1997, II, 72; Turnagil, Ahmet Reşid, İslamiyet ve Milletler Hukuku, İstanbul, 1972, p. 92-96.
30. Ibn Hisham, III, 100; Balazuri, Ansab, I, 417.
31. Tabari, Abu Jafar Muhammad b. Jarir, Tarikhu’t-Tabari Tarikhu’l-Umam wa’l-Muluk, Beirut, nd., III, 42; Ibn Hazm, Abu Muhammad Ali b. Ahmad, Jawamiu’s-Sira, trnsl by M. Salih Arı, İstanbul, 2004, p. 180-181.
32. Ibn Hisham, III, 220; Ibn Sa’d, II, 59-60.

(Dr. Veysel Nargül, Yeni Ümit Dergisi, 2009, número 86)

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