¿Por qué se da a las mujeres la mitad de la herencia que a los hombres? ¿Qué dice el Islam sobre la parte de las mujeres en la herencia?

The Answer

Dear Brother / Sister,

La parte de la mujer en la herencia y la igualdad

A. La situación antes del Islam

Una de las razones por las que las personas afirman que el Islam considera que los hombres son superiores a las mujeres y que viola la igualdad entre hombres y mujers es el hecho de que la mujer recibe un tercio de la herencia mientras que el hombre recibe dos tercios. Sin embargo, el dar un tercio a la mujer no tiene nada con el hecho de que el hombre sea superior a la mujer. Por el contraio, el Islam protegió los derechos de los niños pequeños y de las mujeres que estaban oprimidos y maltratados en el tiempo de la Yahiliyyah dando a la mujer una parte de la herencia. Esto viene declarado en el verso:

“Sea para los hombres una parte de lo que los padres y parientes más cercanos dejen; y para las mujeres una parte de lo que los padres y parientes más cercanos dejen. Poco o mucho,es una parte determinada.” (4:7) 1

Durante la era de la Yahiliyya en la Península Arábiga, las mujeres no recibían ninguna parte de la herencia. Lo que es más, las mujeres eran ellas mismas objeto de herencia, como si fueran objetos, cuando sus maridos morían. Sólo los hombres que podían utilizar armas y podían defender el país tenían el derecho a heredar. La propiedad del hombre que fallecía era dividida entre sus parientes que pudieran combatir. 2

Sin embargo, en Medina, los hijos que habían alcanzado la edad de la pubertad podrían heredar las propiedades de sus padres. Los hijos más jóvenes, las hijas y las madres no podían heredar nada de sus padres. 3

“Al-lah os ordena lo siguiente en lo que toca a vuestros hijos: que la porción del varón equivalga a la de dos hembras.” 4

De este modo, cuando el verso anterior fue revelado, a los politeístas no les gustó este mandato y dijeron:

“A la mujer se le da una cuarta parte o una octava; a la hija se da la mitad. Sin embargo, ellas no pueden ni montar a caballo ni luchar. Los niños pequeños también reciben la herencia, pero ellos no son aptos para la guerra. 5

Lo que se desprende de este punto es que el valor del hombre era medido por su contribución a la vida militar.

Esta mentalidad era la que predominaba en la época de la Yahiliyya y que todavía existe en los corazones de algunas personas que hablan en contra del método de la división que Al-lah declaró fard (obligatorio) en base a la justificia y a numerosas razones sabias. La mentadlidad de algunas personas que viven hoy en día no es muy diferente de la que existía en la época de la Yahiliyya.

La razón por la que este verso fue revelado muestra la situación de las mujeres y los niños durante la Era de la Yahiliyya. La esposa de Sa´d bin Rabi, que murió martirizado en la Batalla de Uhud, fue a presencia del Mensajero de Al-lah junto con sus dos hijas y dijo:

“¡Oh Mensajero de Al-lah! Éstas son las hijas de Sa´d. Su padre fue martirizado en Uhud. Su tío heredó su propiedad y no quedó nada para las hijas. Sin embargo, estas niñas no pueden casarse sin ninguna propiedad”.

El Mensajero de Al-lah (PB) escuchó la queja de la mujer y dijo: “Al-lah enviará Su decreto con respecto a este asunto”. 6  De este modo, fue revelado el verso sobre la herencia. 7

El Islam salvó así a las mujeres y a los niños de ser privados de la herencia. Él les dio una personalidad social y legal al igual que sucedía con los hombres. De este modo, aquellos que afirman que defienden los derechos de las mujeres no deberían criticar al Islam diciendo: “El Islam da a la mujer la mitad”. Por el contrario, ellos deberían aceptar y apreciar la equidad y superioridad del Islam, que dio a las mujeres el derecho a la herencia mediante una gran revolución.

Mediante este decreto, el Corán no sólo eliminó la desigualdad y la injusticia entre los hijos mayores y más jóvenes, sino que también dio el derecho de herencia a la madre, la hija, la hermana, la abuela, la nieta etc.

Las partes de estas personas, que el Corán considera como derechos fijos, no pueden ser eliminadas por ninguna norma legal o tradicional o una voluntad personal. Ellas deben ser consideradas dentro de la categoría de (nasiban mafrudan) “una parte determinada” (4:7). Esta frase es la indicación más obvia de que el decreto es claro y comprensible y que no puede ser cambiado.


B. Versos relativos a la herencia de las mujeres

Es obvio que la mujer tiene el derecho a recibir herencia, al igual que el hombrre, en el Islam. Las objeciones sobre la herencia tienen que ver con el hecho de que la mujer recibe la mitad de la parte del hombre.

En primer lugar, debenmos declarar que la generalizacion acerca de hecho se originan en la falta de análisis de los versos referidos a la herencia en su conjunto. Cuando esos versos son evaluados cuidadosamente y sin perjuicios, puede verse que esta afirmación no es verdad.

1. La mujer no siempre obtiene la mitad de la herencia que el varón. Esto sólo sucede cuando ella es heredera junto con su hermano varón de los mismos padres.

“Al-lah os ordena lo siguiente en lo que toca a vuestros hijos: que la porción del varón equivalga a la de dos hembras. Si éstas son más de dos, les corresponderán dos tercios de la herencia. Si es hija única, la mitad.” (4:11) 8

De modo, resulta claro que la regla de dar la mitad a la mujer no es una norma general que valga para todos los casos. Eso sería malinterpretar el contenido del mencionado verso.

2. Si la persona que ha muerto tiene sólo hijas (al menos dos), dos tercios de la herencia serán entregados a ellas. Si la persona que ha muerto tiene sólo una hija, ella recibirá la mitad de la herencia (4:11).

3. Si el hijo de unos padres muere y deja herencia y él tiene hijjos, la madre y el padre reciben la sexta parte de la herencia cada uno. Si la persona que ha muerto no tiene hijos y los padres son los herederos, la madre recibe un tercio de la herencia. Si la persona que muere tiene hermanos, la madre recibirá la sexta parte de la herencia. (4:11) 9

4. Si el marido muere, su esposa recibirá una cuarta parte de la herencia. Si el hombre que ha muerto tiene hijos de esa mujer o de otra, su esposa recibirá una octava parte de la herencia.

“A vosotros os corresponde la mitad de lo que dejen vuestras esposas si no tienen hijos. Si tienen, os corresponde un cuarto. Esto, luego de satisfacer sus legados o deudas. Si no tenéis hijos, a ellas les corresponde un cuarto de lo que dejéis. Si tenéis, un octavo de lo que dejéis. Esto. luego de satisfacer vuestros legados o deudas.(4:12) 10

De este modo, la afirmación de que la mujer recibe siempre la mitad de la herencia del hombre no es verdad. La parte cambia según las personas que compartan la herencia.

C. ¿Por qué se conceden dos tercios al varón y un tercio a la mujer?

Podría parecer injusto que la mujer reciba la mitad de la herencia que su hermano si esto es visto de manera superficial. Sin embargo, el hecho es que esto es justo si se analiza el sistema en su totalidad.

1. En el Islam, la herencia está dividida en base a las necesidades y responsabilidades de las personas. El sustento de la madre, la esosa, la hija y la hermana tiene que se proporcionado por el padre, el marido, el hijo y el hermano. En general, la mujer no tiene que suministrar el sustento a otros parientes. 11  Es el hombre el que tiene que hacerlo. El hombre es el responsible del mantenimiento de la su familia. De este modo y en base a la regla de “los dones están basados en las responsabilidades”, el hombre que es el responsible del mantenimiento de su esposa, hijas, madre y, cuando es necesario, de su hermana, debe recibir una parte de herencia que dos veces mayor que la de su hermana, que no tiene tales responsabilidades.

2. La mujer tiene una plena autoridad para gastar su propiedad como desee. Incluso si la mujer es rica, ella no tiene que gastar ningún dinero para la familia. 12  Desde este punto de vista, si la mujer y el hombre recibieran la misma cantidad, el equilibrio se vería perturbado en contra del hombre, que tiene que proporcionar sustento para la familia. La mujer, como hemos visto, no tiene esta responsabilidad.

“Y en lo que se refiere a que el hombre tenga una porción igual a la de dos mujeres... eso es pura justicia y también pura compasión. Sí, es justicia porque la inmensa mayoría de los hombres tienen esposa y la mantienen. Y las mujeres tienen un marido y obtienen su sustento de él. Esto compensa la diferencia de lo que han heredado”. 13

3.  Si la mujer no está casada, ella es una persona soltera que está a cargo de su padre o hermanos. Cuando ella se casa, su marido tiene que proporcionarle un sustento para ella y sus niños, como ha sido mencionado antes. La mujer no tiene responsabilidades de ganar dinero. 14 Además, la mujer recibe el mahr (dote) de su marido y tendrá muchos obsequios, como oro, dinero, cubertería, etc dependiendo de la tradición. La mujer no tiene que gastar el dinero que tiene. 15  Si ella lo desea, puede incrementarlo mediante inversiones. El hermano gastará la herencia que recibe en el matrimonio en el mahr (dote) y en el sustento de la familia. Además, si la hermana que está soltera no puede vivir de la herencia que ha recibido, el hermano tiene que apoyarla. 16. De este modo, cuando el tema se ve desde el este punto de vista, el dar al hombre dos tercios y a la mujer la mitad es una muestra de justicia real.

Es importante resaltar que el Islam propone una estructura en la que las mujeres son interdependientes socialmente, pero independientes económicamente. Esto es importante si queremos comprenden el énfasis del Islam en el amor mutuo, el respeto, la tolerancia y el entendimiento entre los miembros de la familia. Sin embargo, con independencia de lo virtuosos que sean los miembros de la familia, la mujer no está obligada a proporcionar dinero para el mantenimiento de la misma. Ella puede actuar independientemente fuera de la familia. La responsabilidad de esta última siempre depende del hombre. De hecho, este privilegio dado a las mujeres muestra la importancia que nuestra religión les otorga.

4. El hermano puede dar una parte igual o mayor a su hermana si él lo desea al dividir la herencia. Esto será contemplado como una donación o regalo. Nadie puede impedirlo.

5. El tema tiene también un aspecto psicológico. El Islam no está ligado a un cierto tiempo o nación. Es universal asi que tiene que tomar en consideración todos los tiempos y comunidades así la psicología humana en sus decretos. En casi todas las épocas y comunidades, las hijas han sido consideradas como “mujeres que toman las propiedades de la casa de sus padres para pasarla a otros” y esto es válido hasta hoy. De hecho, incluso si la mujer se casa, posee una familia separada y tiene hijos, ella todavía necesita la misericordia, compasión y apoyo de sus padres y hermanos. La compasión y la misericordia que ella recibe es más valiosa que las propiedades que ella obtiene de su familia. En ese caso, el dar al hijo y a la hija la misma parte al dividir la hrencia puede dañar esta compasión y misericorida. Abordando el tema desde este punto de vista, Badiuzzaman Said Nursi declara lo siguiente:

“Es también una misericordia para una chica débil, que necesita del afecto y el apoyo de su padre y hermanos. El Corán decreta que ella debe recibir afecto y apoyo de un relajado padre que no la vea como “una hija molesta que hará que la mitad de la riqueza familiar vaya a pasar a las mnanos de un extraño”. La ansiedad y la irritación no se mezclan con su afecto. Ella también recibe la protección y el afecto de su hermano sin que exista rivalidad o envidia entre ambos. Él no la ve como un rival que priva a la familia de la mitad de sus propiedades para dárselas a alguien más. No habrá frustración y hostilidad mezclados con los sentimientos de compasión y protección hacia ella. De este modo, la chica, que es delicada y débil por naturaleza, es privada aparentemente de una pequeña parte de bienes, pero, en lugar de ella, recibe una riqueza inagotable en forma de compasión y amor de parte de aquellos que están cercanos a ella. Y el darle a ella más de esa parte, con la idea de ser más misericordioso con ella que la Divina Misericordia, no es amor, sino un gran error. Ciertamente, con la salvaje codicia que existe en los tiempos actuales, que recuerda la brutal tiranía de la Era de la Yahiliyya, cuando se enterraban vivas a las hijas, la perversidad inmisericorde puede abrirse paso. Sin embargo, no cabe olvidar que todos los mandatos coránicos están basados en la misericordia:
“Nosotros no te hemos enviado sino como misericordia para todo el mundo.” (21:107).” 17

Con esta evaluación, Badiuzzaman Said Nursi aborda este tema desde punto de vista más profundo.

Los conflictos ocurren entre muchos hermanos y hermanas porque los hombres y las mujeres reciben partes iguales de la herencia hoy. El hermano no puede aceptar que la hermana reciba la mitad de la fortuna de su padre para pasarla a otra familia. De este modo, muchos conflictos sobre la herencia ocurren entre hermanos y hermanas en nuestro país. Hoy en día, muchas personas presionan a sus hermanas y les piden que no tomen ninguna parte de la herencia o se contenten con una pequeña cantidad. Las hermanas a veces ceden sus derechos bajo presión. Las mujeres son convencidas y silenciadas en tribunales familiares ilegales. Como vemos en los medios, los conflictos sobre la herencia pueden transformarse incluso en disputas sangrientas. El no aceptar el método de división de la herencia establecido por Dios y el no estar contento con la parte que a uno le corresponde ha traído, pues, mucha opresión e injusticia.

Debido a las razones que hemos expuesto arriba, el hombre obtiene su parte en base al volumen de sus responsasbilidades financieras. La mujer, que no tiene ninguna responsabilidad financiera familiar, ya sea ella rica o pobre, disfruta siempre de una seguridad social, incluso cuando está soltera. De este modo, la hija, la esposa, la madre o la viuda reciben la parte correspondiente. 18  Si este decreto de Al-lah, que tiene una sabiduría interminable no es justo, significa entonces que no hay justicia en la tierra.

En conclusión, podemos decir que la ley de herencia, que busca preservar la continuación de la familia, es uno de los derechos que son explicados con todo detalle. El contemplar la herencia desde el punto de vista de la igualdad de género sólo sirve para crear una base de error, ya que las partes de las mujeres son evaluadas de forma distinta en medio de diferentes situaciones. Existen diferentes categorías dependiendo de si la mujer es esposa, madre, hermana única o una de las hermanas. Aquellos que defienden una igualdad absoluta en cada tema, ignoran los principios que hemos mencionado antes. De este modo, el hecho de que se dé a la mujer la mitad de la herencia del hombre en algunos casos no supone en absoluto que los hombres sean considerados como superiores a las mujeres.

Si eso fuera así, entonces tendríamos que considerar que los niños son superiores a los padres, ya que ellos reciben una parte más importante de la herencia que sus padres. Esto es, pues, una afirmación ridícula. Por el contrario, este método de división es directamente proporcional a las responsabilidades de la mujer y del hombre y busca distribuir la herencia de una forma equitativa que no perjudique el amor y la justicia dentro de la familia y la vida social.

Además, los niños, que están a punto de iniciar una vida y que hacen frente a dificultades financieras necesitan las propiedades más que sus padres y se les otorga, pues, una parte mayor que les permita asegurar su vida. Todo ello sirve también para reforzar la clase media dentro de la sociedad. 
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Notas al pie de página:

1. an-Nisa, 4/7.
2. see Tabari, Jamiu’l–Bayan 4/262, Egypt, 1968; Razi, Tafsiru’l-Kabir 9/194, Beirut; Tahir b. Ashur, at–Tahrir wa’t-Tanwir 4/248, Tunus, nd; Ibn Kathir, Tafsirul-Qur’ani’l-Azim 2/161. Los árabes solían decir: “Aquellos que no luchan con sus lanzas, que no pueden defender el pais y no pueden conseguir un botín, no pueden ser herederos”. Ver íbid para las prácticas de la herencia en la Era de la Yahiliyya, ver Ali Osman Ateş, İslâm’a Göre Cahiliye ve Ehl-i Kitap Örf ve Adetleri p. 379-388.
3. Hamidullah, Muhammad, İslâm Peygamberi 1/260, İrfan Yay. İst. 1980; Para las prácticas de la herencia en el Judaísmo ver Ali Osman Ateş, İslâm’a Göre Cahiliye ve Ehl-i Kitap Örf ve Adetleri p. 372-380.
4. an-Nisa, 4/11.
5. ver Tabari, ibid 4/275; Ibn Kathir, ibid 2/197.
6. Abu Daud, Faraid 4; Ibn Mayah, Faraid 2.
7. Wahidi, Asbabu’n–Nuzul p.150; see Ibn Kathir, ibid 2/196; Qurtubi, al-Jami’ li Ahkami’l-Qur’an 5/39; Razi, ibid 9/203-204. Algo que Jabir b. Abdullah experimentó es también mencionado entre las razones por las que el verso fue revelado. Ver Bujari, Tafsiru’l-Qur’an 4; Tirmidhi, Faraid 6; Tirmidhi, Tafsiru’l-Qur’an 5.
8. an-Nisa, 4/11.
9. an-Nisa, 4/11.
10. an-Nisa, 4/12. Un asunto notable es que las mujeres reciben el derecho a disponer de su última voluntad justo como los hombres. “En lo que tus mujeres dejen, tu parte es la mitad, si ellas no dejan hijos”, Cuando una persona, sea hombre o mujer, fallezca, sus deudas son pagadas y luego la herencia es dividida. Esto significa que la mujer tiene todo tipo de derechos civiles y sociales. La mujer puede disponer de sus propiedades, dejarlas en herencia, recibir su parte de la herencia, prestar y tomar prestado. El Corán da a la mujer el derecho de tener propiedades y usarlas como desee. De este modo, da a la mujer una personalidad libre. Ver Süleyman Ateş, Çağdaş Kur’ân-ı Kerim Tefsiri, Yeni Ufuklar Neşriyat, 1988, 2/574; Para una información más detallada sobre el estado de la mujer cuyo marido muere con respecto a la herencia,  ver Hamza Aktan, İslâm Miras Hukuku İşaret Yay., İstanbul, 1991.
11. Para una mayor y más detallada información sobre el mantenimiento de la mujer y sus responsabilidades, ver  İslâm’da Kadın Hakları (Anthology) 2/178-283 Rehber Baş. Yay. 1. Baskı. Ankara, 1993.
12. Para una información más detallada, ver Ruhi Özcan, İslâm Hukuku’nda Hısımlık Nafakası p. 68-84, Çağlayan Yayınları İzmir, 1996.
13. Nursi, Badiuzzaman Said, Mektubat p. 37, Envar Neşriyat, İstanbul, 1997; see also Sözler p. 381.
14. see Kasani, Alauddin Abu Bakr Ibn Masud, Badaiu’s–Sanai’ 4/28. Egypt, 1328; Sarakhsi, Muhammad b. Ahmad, al-Mabsut 5/187. Egypt, 1324; Ibn Rushd’il–Hafid, Muhammad Ibn Ahmad, Bidayatu’l–Mujtahid 2/55, Egypt, 1379.
15. Así, por ejemplo, si el padre es pobre y la mujer es rica, el marido es aún así responsable. La mujer no puede ser considerada nunca responsible de proporcionar el sustento a su marido. El mismo decreto es válido para el marido que no pude proporcionar un sustento para su mujer debido a razones como estar incapacitado o parado. En este caso, el sustento del hombre es proporcionado por sus parientes, pero no por su esposa. La mujer será, en ese caso, apoyada también sus propios familiares. El sustento de la mujer es una deuda del hombre que no desaperece debido a las prescripciones. Incluso si la mujer gasta su propio dinero, ella puede tomar dinero de su marido. Ver Özcan, Ruhi, Hısımlık Nafakası p. 71.
16. Sobre el sustento de la familia, ver Ruhi Özcan, ibid p. 89-154.
17. Nursi, Badiüzzaman Said, Mektubat 37; Sözler p. 381.
18. Para la seguridad social de la mujer en el Islam, ver Faruk Beşer, Kadının Çalışması Sosyal Güvenliği ve İslâm p.165-180, Nun Yay. İst. 1995; Bayraktar Bayraklı says, “Si el padre en una familia es viejo y los hijos y las hijas trabajan juntos y ganan dinero juntos, sus partes de la herencia son iguales”. Él utiliza el verso 32 de la Sura An Nisa como evidencia. Sin embargo, este verso no puede ser declarado como prueba de ese hecho porque él declara que la mujer necesita  recibir su parte de la herencia. Esta parte depende de varias situaciones y viene establecida por los versos y los hadices. Es también necesario decir que el ingreso de la mujer en tal familia le pertenece sólo a ella. La mujer no tiene que gastar su dinero en los gastos de la familia, ya que es su propiedad personal. Ver Bayraktar Bayraklı, Kadın, Sevgi ve Temel Hakları p. 64, İşaret Yay. İstanbul, 2000.
19. Sobre la clase media y los principios islámicos, ver İzzet Er, Sosyal Gelişme ve İslâm p. 94-115, Rağbet Yayınları, İstanbul, 1999.

Temas İslamicos

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